¿Qué envase es más eficiente?
Vi dos tetrabriks de leche. Ambos afirman contener un litro. Ambos aluden a la sostenibilidad del planeta y la preservación del medio natural. Y me he preguntado cuál es más eficiente, cuál de los dos emplea menos materiales para lograr su cometido. O si se prefiere: cuál es más ecológico.
Interesado en resolver este enigma del desayuno, fui al sitio web de Tetra Pak1, la multinacional sueca que fabrica estos envases. No encontré allí lo que buscaba: las dimensiones exactas de ambos cartones o la superficie del material que los compone. Así que hube de tomar mis propias y aproximadas medidas para encontrar la respuesta a esta incógnita de bachiller.
Por definición, un litro es un decímetro cúbico.
Llamemos clásico al envase más ancho y estrecho al más esbelto:
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El envase clásico tiene unas dimensiones 5,7 × 9 × 19,6 centímetros. Multiplicando, esto son unos 1005 cm³. Un volumen de prácticamente un litro, como no podía ser de otra manera.
Hallemos ahora la superficie del material empleado para construir el envase, omitiendo —como una simplificación tolerable— los pliegues encolados de la base y la superficie2. Para ello basta sumar la superficie de las seis caras del prisma, que son iguales dos a dos.
Sean x, y y h el ancho, largo y alto respectivamente:
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La base del envase estrecho mide 6,1 × 7,1 centímetros. Pero tiene dos alturas, pues la superficie superior no es paralela a la base. Llamemos h₁ y h₂ a cada una de ellas, que miden aproximadamente 22,4 y 24 centímetros respectivamente.
El volumen de este envase es la suma de los volúmenes en que podemos descomponerlo: un prisma rectangular análogo en su forma al del envase clásico y definido por su altura h₁ más otro con igual base y de perfil triangular cuya altura crece desde cero hasta h₂ – h₁.
Por lo tanto el volumen total, V, es efectivamente un litro:
Hallemos ahora la cantidad de material necesario para construirlo. Para ello obviaremos, como en el caso anterior, los pliegues constructivos. Y asimilaremos la superficie de las caras superior e inferior, que no son exactamente iguales pero casi. El impacto de esta simplificación es irrelevante para la conclusión que buscamos:
Resulta entonces que el envase clásico requiere de unos 679 cm² de material mientras que el estrecho necesita de aproximadamente 20 cm² más, o un incremento del 3 %. Por comparar, el exceso de material requerido por el envase estrecho equivale a la mitad de la superficie de una tarjeta de crédito.
Hasta aquí, los datos. Sigue ahora mi conclusión personal, subjetiva: parece un sobrecoste justificado para un envase más ergonómico tanto al asirlo con la mano como al utilizarlo para verter. Y personalmente no diría que la estética o el marketing se hayan impuesto sobre la economía y la ecología, tal como me temía haciendo esta reflexión durante el desayuno.