En guerra con la belleza
A veces paseo por mi ciudad y me pregunto si somos una sociedad en guerra con la belleza.
En guerra con la elegancia.
En guerra con la sensibilidad.
En guerra con todo lo sublime del mundo.
Veo las plazas de mi infancia, recién renovadas, entregadas ahora al hormigón y el brutalismo.
Entro a cafés y restaurantes y encuentro la mayoría ambientados con la música más zafia, más barriobajera.
Camino por los barrios posando la mirada en los transeúntes: a veces todo parece un carnaval de lo estrafalario.
Cada sociedad, cada tiempo, tiene su estética. Pero, ¿qué cánones celebramos nosotros? ¿Cuál es nuestro mensaje a las generaciones del futuro?
En mi ciudad, el cielo, el monte y la bahía nos entregan generosos su belleza a manos llenas. Pero a menudo parece que vivimos de espaldas.
A veces parecemos una sociedad en guerra con la belleza, con la elegancia, con la sensibilidad.
En guerra con todo lo sublime del mundo.