Quiero toda la tierra

A través de una de esas películas que hacen pensar he llegado a Quiero toda la tierra más el 5%, una interesantísima reflexión en forma de cuento breve sobre la historia del sistema bancario. Aunque el cuento es lógicamente una ficción (además de una ficción bastante lógica), puede hacer pensar mucho. Ahí van algunas cosas que he aprendido:

  • Dinero no es sinónimo de riqueza, sino de posibilidad de riqueza. Un billete de banco no tiene más valor que el de un recorte de papel impreso. En el desierto, en el Polo o en la Luna, allá donde no hay comercio, el papel moneda no tiene valor. El dinero es un medio de cambio, un intermediario con un valor real despreciable y un valor atribuido variable y que fluctúa constantemente.
  • Cuando dos comerciantes convienen el trueque de cuatro corderos por un caballo se produce una transacción comercial. Si al final de la misma ambas partes están satisfechas ha ocurrido un intercambio de riqueza. Cuando interviene el dinero como medio de cambio, uno de los comerciantes entrega un caballo a cambio de papel moneda. Como el valor real de estos billetes y monedas es efímero, el vendedor ha perdido riqueza justo en la misma medida —un caballo— en la que el comprador ha visto incrementada la suya. Sólo cuando el vendedor gasta posteriormente su dinero la transacción queda efectivamente terminada. Vender supone, por lo tanto, que el sistema contraiga una deuda con nosotros.
  • Cuando se vende un bien o un servicio o, si se quiere, se trabaja por dinero, se acumula papel moneda cuyo valor real es muy pequeño, pero que puede emplearse en otros intercambios comerciales para comprar otros bienes o servicios. Mientras no se gasta, el dinero significa que somos acreedores de una deuda por valor de las cosas que podemos comprar con él, y que podemos liquidar en la próxima compra. El dinero es un título que otorga la posesión de una parte de la riqueza del sistema comercial. Es la evidencia de esta posesión, pero no la riqueza poseída en sí.
  • El papel moneda que existe actualmente en circulación no es suficiente para liquidar todos los depósitos bancarios. En otras palabras: si todo el mundo retirara su dinero del banco, no habría suficientes billetes para todos. Para compensar esto el Estado emite más papel moneda. Pero la mera puesta en circulación de moneda recién acuñada supone un nuevo problema: el dinero vale menos (inflación), porque existe mucho más dinero para adquirir unos mismos bienes y servicios. En el año 2006 la FNMT fabricó más de mil millones de monedas metálicas. Aunque a menor ritmo, en el sistema monetario también se destruye dinero.
  • Los precios son función de la oferta y la demanda. Como la inflación provoca un exceso de dinero, los consumidores demandan más productos, porque disponen de más medios de pago. Como consecuencia de esto los precios crecen continuamente. Los precios nunca ha dejado de crecer y, en consecuencia, el dinero se devalúa porque existe más dinero para comprar unos mismos bienes. Una inflación muy alta suele ser compañera del descontento social o de la inestabilidad política.
  • Aunque parece lógico que sea el Estado quien regule la inflación ejerciendo en monopolio la creación de dinero, lo cierto es que el sistema bancario también está fabricando dinero que repercute negativamente en la inflación. Así, ante la adquisición de una casa, un comprador acude a la banca para contratar un crédito. El banquero sabe que la mayoría de sus clientes no suele retirar inmediatamente y en papel moneda todo el importe del crédito, o por lo menos no todos al mismo tiempo. La mayoría de ellos dispone del crédito mediante cheques bancarios o transferencias a cuenta. Y la concesión del crédito se materializa en la creación de un depósito a su nombre por el importe contratado (“números en un ordenador”), sin que la entidad bancaria tenga realmente por qué disponer de suficiente papel moneda como para respaldar el crédito concedido. Es un hecho que la banca no podría reintegrar actualmente a todos sus clientes la totalidad de sus depósitos bancarios.
  • Cuando el comprador abona el precio de la casa mediante un cheque o transferencia bancaria, obtiene la propiedad de una vivienda, y el vendedor devuelve al sistema bancario el importe de la venta a través de un depósito bancario, que es su destino natural. El papel moneda no ha salido del sistema bancario, y ni siquiera ha tenido que existir. Tan sólo se ha reducido un depósito bancario en la misma cantidad pero en el sentido contrario al que ha sido incrementado el otro.
  • Como la banca sabe que es muy improbable que todo el mundo retire la totalidad de sus depósitos al mismo tiempo, ha podido conceder un crédito con un dinero del que en realidad no dispone, esto es, ha creado dinero. Además, la banca percibe un interés sobre la cuantía del crédito, y este interés es mayor que aquel que ésta ofrece a sus clientes cuando realizan un depósito a plazo.
  • Ante un banco que ofertara a sus clientes una rentabilidad de —digamos— el 5%, y ofreciera crédito a un 8% de interés anual, la mayor parte de las personas creería que el margen bruto del banco antes de gastos sería de un moderado 3%. Pero cuando la entidad sabe que puede conceder a crédito —por ejemplo— hasta un 600% más de sus reservas totales de dinero sin desatender todavía su compromiso de reintegrar en papel moneda los depósitos de aquellos clientes que estadísticamente así lo solicitan, el margen del banco se multiplica a costa de una inflación inducida y que soportan todos los consumidores.
  • Bajo este supuesto, por cada 1.000 unidades monetarias en depósito el banco podría conceder a crédito hasta 6.000 unidades (el 600%), que devengarían un interés de 480 unidades (el 8%). Pero esto es un 48% de las 1.000 unidades de que efectivamente dispone en reservas de papel moneda. Aún abonando un 5% de interés anual a sus clientes, el margen del banco alcanzaría el 43% anual sobre estos créditos. No parece un mal negocio.