Agua y aceite

Agua y aceite: políticos y cárcel.

Bettino CraxiBettino Craxi, primer ministro italiano entre 1983 y 1987 y uno de los más longevos a la cabeza del Gobierno. El 17 de febrero de 1992 la policía italiana detiene a uno de los hombres de confianza de Craxi en Milán, Mario Chiesa, con 7 millones de liras en una bolsa procedentes de un soborno. Chiesa pide protección a Craxi, éste le niega el apoyo y entonces comienza la operación Mani pulite (Manos limpias).

Al sentirse abandonado Chiesa empieza a involucrar a altos industriales y dirigentes políticos del area económica de Milán en una trama de sobornos y corrupción. Pronto la mayor parte de la clase dirigente milanesa se ve salpicada por el escándalo, incluyendo al propio alcalde, Paolo Pillitteri, colega de Bettino Craxi en el PSI y protegido como él por la inmunidad parlamentaria.

En diciembre de 1992 el presidente del gobierno italiano recibe el primer Avviso di Garanzia, una notificación formal de que se encuentra bajo investigación criminal. El escándalo social y mediático arrecia, a pesar de lo cual el parlamento italiano deniega a la magistratura el 29 de abril de 1993 el permiso para investigar a Craxi. En Italia, los parlamentarios gozan de inmunidad salvo autorización previa y expresa del propio parlamento.

Poco después, el 30 de abril de 1993, tiene lugar una de las escenas más simbólicas y recordadas de la política italiana de las últimas décadas. El lujoso Hotel Raphael del centro de Roma, donde Bettino Craxi se encontraba recluido, es rodeado por cientos de detractores encolerizados que esperan la salida del Presidente del Gobierno para lanzarle monedas y reprocharle su corrupción y pasividad ante los sobornos en su propio partido. La escena de Craxi escoltado de los estudiantes enfurecidos que le lanzan monedas gritando ladro o buffone ha sido recordada cientos de veces por los medios de comunicación italianos (ver el video).

Durante las vistas del proceso judicial Bettino Craxi se defendió de una manera singular, argumentando que la financiación ilegal de los partidos italianos era necesaria y habitual en todo el espectro político. Ante la notoria evidencia de que se aproximaba la cárcel, en 1994 Craxi escapa a Túnez, donde moriría el 19 de enero del año 2000.