jaime.gomezobregon.com

Stockholm syndrome

«On August 23, 1973, Jan Erik “Janne” Olsson, on leave from prison, walked into Kreditbanken at Norrmalmstorg, central Stockholm and attempted to hold up the bank. Swedish police were called in immediately, two of them went inside, and Olsson opened fire, injuring one policeman. The other was ordered to sit in a chair and “sing something”. He started singing “Lonesome Cowboy”. Olsson then took 4 people as hostages. He demanded his friend Clark Olofsson to be brought there, along with 3 million Swedish Kronor ($730,000 US 1973 value), two guns, bullet-proof vests, helmets and a fast car.

Both Olsson and Olofsson were charged, convicted and sentenced to extended prison terms for the robbery. Olsson was sentenced to 10 years in prison. He received many admiring letters from women who found him attractive. He later married to one of his female admirers.

Olofsson later met hostage Kristin Ehnemark several times, their families becoming friends

— The Norrmalmstorg robbery at Wikipedia.

Conciencia

« ¡No seamos cobardes con nuestros actos; no nos avergoncemos después de haberlos realizado! El remordimiento de conciencia es algo indecoroso »

Friedrich Nietzsche, en El ocaso de los dioses.

La identidad de Euler

eπi + 1 = 0

La identidad de Euler (1748) es considerada la ecuación más bella de la historia de las matemáticas. El mismísimo Príncipe de las Matemáticas, Carl Friedrich Gauss, decía que quien no apreciara en ella algo sublime no será nunca un gran matemático. Richard Feynman la llamaba «nuestra joya». Se ha dicho de ella que «trasciende las profundidades mismas de la existencia, así como un soneto de Shakespeare encierra la esencia propia del amor».

También ha sido votada como teorema más hermoso de las matemáticas o —junto con las ecuaciones de Maxwell— la más grande ecuación de todos los tiempos entre los lectores de publicaciones especializadas.

Exagerado o no, lo cierto es que la identidad de Euler relaciona con inusual elegancia tres operaciones básicas (suma, producto y potencia) y cinco de las constantes matemáticas fundamentales:

  • El número 0.
  • El número 1, la unidad.
  • El número e (2,71828…), que es la base de los logaritmos naturales o neperianos, y fundamental en el análisis matemático.
  • El número π (3,14159…), que es básico en trigonometría y muchas ramas de las matemáticas.
  • El número i, o unidad imaginaria, que es la base de los números complejos.

Aprender y olvidar

Son conocidos los esfuerzos de Mark Twain por intentar aprender alemán. Desde la derrota saboreó la revancha con un pequeño ensayo titulado The awful German language (El horrible idioma alemán), quizás no mucho menos célebre que sus aventuras de Tom Sawyer.

Twain decía que algunas palabras alemanas son tan largas que hasta tienen perspectiva. «Esas cosas no son palabras. Son procesiones alfabéticas». Y cita tres ejemplos:

  • Freundschaftsbezeigungen.
  • Dilettantenaufdringlichkeiten.
  • Stadtverordnetenversammlungen.

Creo que las palabras tienen su propia personalidad. Y flash (inglés y universal) o la onomatopéyica kraskatu (rasgado en euskera) son chicas sinceras, transparentes. Son lo que vemos. En las antípodas del Stadtverordnetenversammlungen de Twain, que es más bien un señor grave y muy serio que viste siempre gabardina oscura.

Hace unos días estuve charlando con una persona que nació en… estooo… ¿cuál es la capital de Eslovenia? …Ah, sí; Ljubljana [ʎubˈʎʌna]. Luego he conocido a una chica que estudió arte en Trieste.

Trieste está en mi cabeza; existe en las coordenadas de mi universo. Es una palabra que llegó para quedarse: si la necesito, puedo silbarla y ella viene. Está siempre presente porque la recuerdo sin esfuerzo. Sin embargo, necesito un atlas, respirar hondo y contar hasta tres antes de evocar y escribir las seis consonantes de Ljubljana. Esta última es una señorita caprichosa. Una palabra eslovena que llega y se va, que se resbala entre los dedos.

Y ambas —Trieste y Ljubljana— son vecinas: apenas cien kilómetros las separan. Pero son señoras muy distintas. ¿Por qué recuerdo una, y la otra no? La grafía y una pronunciación cómoda ayudan, es cierto. Pero no reside ahí el secreto: la chica que estudió en Trieste también me hablaba de su estancia en un pueblo siciliano y… vaya, no consigo acordarme de cuál. Era pronunciable y fácil de escribir, pero se ha ido.

He vuelto con la imaginación al instante cero de aquellas dos conversaciones:

  • «He nacido en Ljubljana, Eslovenia.» — escuché el sábado.
  • «Estudié arte en Trieste, en el norte de Italia.» — me dijeron el lunes.

Y en mi cabeza Ljubljana entra por un oído y sale por el otro; cuando Trieste, en cambio, hace eco en mi cabeza y queda prendido en los mimbres del recuerdo. ¿Por qué ese caprichoso aprendizaje selectivo? He estado pensando en qué es lo que sucede en mi cabeza en ese instante preciso, efímero, exacto en el que salen a mi encuentro cada una de esas dos señoritas caprichosas. Tercera Ley de Newton:

Acción: Mi interlocutor pronuncia «Ljubljana» [ʎubˈʎʌna]

Reacción: Eclipse de sol en mi cabeza: negra oscuridad.
Acción: Mi interlocutor pronuncia «Trieste» [triɛsˈte]

Reacción:

«Com’è bello far l’amore da Trieste in giù
l’importante farlo sempre con chi hai voglia tu
e se ti lascia lo sai che si fa…
trovi un altro più bello, che problemi non ha.»
«Qué bonito es hacer el amor desde Trieste hacia abajo
Lo importante es hacerlo con quien quieras tú
Y si te deja ya sabes lo que hay que hacer…
búscate uno más guapo, que no tenga problemas.»

Raffaella Carrà. Tanti auguri (1978).

Cuando aquella chica puso Trieste en sus labios, disparó en mi cabeza un mecanismo de evolución neuronal que ha durado un millón de años y que reproduce rápidamente un playback de una canción idiota de Raffaella Carrà. No subestimemos el poder de las idioteces. Ni el de la Tercera ley de Newton. Aprendemos por acción y reacción.

Aunque me lo he repetido cien veces sigo confundiendo las palabras alemanas Scheibe (rebanada) y Schließen (cerrar). De lo que me costó aprender que amarillo se dice giallo en italiano, mejor no hablamos. Son para mí palabras vacías, señoritas aburridas que no disparan ninguna sinapsis idiota con vedette. Llegan y se van.

Sin embargo dunkel (moreno en la lengua de Goethe) todavía resuena en mi cabeza, porque recuerdo el momento preciso en el que lo aprendí, estoy oyendo aquella voz alemana de hace dos agostos diciéndome que me había puesto moreno después de un día de trabajo bajo el sol. Yo sentado, ella de pie. Dunkel, alles Klar.

Cuando surgen de los labios que se quieren, de los labios que se besan, hay palabras que se aprenden con los cinco sentidos.

«How do you say bird — pregunté una vez.

Era mediodía. Íbamos caminando del brazo por una calle de Pescara. Abrió una gran sonrisa, señaló las copas de los árboles y dijo gli uccellini! con los ojos llenos de alegría. No dijo uccello (pájaro). Dijo uccellini (pajarillos), lo recuerdo. ¿Cómo olvidarlo?

Neue Slowenische Kunst

La República Federal Socialista de Yugoslavia (1963-1992) fue un estado integrado por Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Servia, Kósovo, Macedonia y Montenegro. Hasta 1980 fue gobernado por Josip Broz, Mariscal Tito, como un estado socialista en la órbita del bloque comunista.

Dan Mladosti

En 1987 las autoridades yugoslavas convocaron un concurso para elegir el cartel que conmemoraría el Día de la Juventud Yugoslava, el 25 de mayo, efeméride del nacimiento del mariscal y presidente del gobierno.

El jurado declaró ganadora la propuesta presentada por un grupo artístico que posteriormente se conocería como Neue Slowenische Kunst (NSK), Nuevo Arte Esloveno. El nombre alemán ya parecía una provocadora ironía de la pasada ocupación nazi de Eslovenia.

El póster evoca la propaganda alegórica de la época del totalitarismo: un abanderado con los colores de Yugoslavia y una paloma sobre el mástil, que ilumina con una antorcha el camino. El diseño fue publicado en Politika, el diario oficialista del país, en el contexto de las celebraciones del Día de la Juventud.

El escándalo surgió al día siguiente: un lector de Belgrado había notado que el cartel, ya oficial, era un plagio de un póster de propaganda nazi de los años 30, donde la bandera con la esvástica había sido sustituida por la divisa de la Yugoslavia comunista, y el águila imperial había dado paso a una paloma.

El escándalo fue mayúsculo, pues unos graciosos con motivaciones pretendidamente artísticas habían ridiculizado al jurado del concurso nacional con un póster irónico, y —mucho más importante— habían puesto en evidencia la proximidad entre el nazi Kunst (arte) y la propaganda socialista. Dos concepciones sangrientamente enfrentadas, pero en la práctica indistinguibles para el jurado.

Tras intentar sin éxito perseguir jurídicamente a los autores, al año siguiente del escándalo se abolieron los rituales socialistas de celebración del aniversario del nacimiento del Mariscal Tito.

Hoy, veinte años después de aquel escándalo, el Neue Slowenische Kunst ha sobrevivido a los totalitarismos y sigue provocando desde una micronación virtual y dadaista, el Estado del NSK, definida en el tiempo pero no en el espacio, pues a diferencia de los aburridos estados tradicionales, el NSK no reclama la soberanía sobre ningún territorio.

El hombre más sabio del mundo

« El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.

Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.

Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.

Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado.

Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: “José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera”. Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.

Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.

Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.

Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: “¿Y después?”.

Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo.

Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.

Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: “No hagas caso, en sueños no hay firmeza”.

Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños.

Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”. No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.

Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver. »

José Saramago

¿Copia El Semanal XL a Stern?

Portada del semanario alemán Stern
Portada de El Semanal XL español

A la izquierda, la portada del 12 de julio del semanario alemán Stern. A la derecha, la primera plana del ejemplar del 4 de noviembre de la revista española El Semanal XL, que se regala con los diarios del grupo Vocento.

El primero hace un mosaico con 23 profesionales en su ropa habitual de trabajo y su salario, y titula Wer verdient wie viel? (¿qué gana cada quién?). El segundo muestra 21 personas en idéntica disposición, también en su uniforme laboral y acompañados de su sueldo en euros, junto al titular “¿cuánto ganamos (de verdad) los españoles?”

Nacionalismo e idioma

Mapa de idiomas y dialectos de España. Fuente: Wikipedia

España, mi país, tiene 45 millones de habitantes y cinco lenguas oficiales: el castellano, el catalán, el gallego, el vasco ó euskera y el aranés. Más de 8 millones de españoles hablan dos de estas lenguas oficiales. Por supuesto, muchos españoles también hablamos otras lenguas europeas que no tienen estatus de oficialidad en España.

Como en cualquier idioma vivo, cada una de las cinco lenguas oficiales tiene su propia producción cultural (musical, literaria ó cinematográfica), unas instituciones lingüísticas propias, televisión, emisoras de radio y prensa escrita en cada idioma, su propia singularidad histórica, topónimos y una comunidad activa de hablantes. En los territorios donde coexisten dos o tres comunidades lingüísticas también hay legislación que rige el uso de cada lengua en las instancias de la oficialidad, tratando de salvaguardar los derechos lingüísticos de los ciudadanos y la igualdad efectiva entre los idiomas de cada zona.

En mi país uno de cada cinco habitantes habla más de una de las lenguas oficiales. Pero ocurre una cosa curiosa: como en tantos otros países, España tampoco es un estado lingüísticamente homogéneo. Cuatro de las cinco idiomas oficiales se concentran en el tercio norte de la península, donde vivimos 17 millones de españoles. En esta zona norte la tasa de españoles bilingües es mucho más alta: la mitad de los habitantes del Norte habla dos idiomas oficiales. Dicho de otra forma, esto significa que dos terceras partes de la población y de la superficie de España no conoce otro idioma oficial que no sea el castellano.

En España ocurre otra cosa curiosa: atendiendo a los resultados de las últimas elecciones generales hay casi dos millones de ciudadanos nacionalistas periféricos1 o independentistas. Y casi todos ellos están en el mismo tercio norte donde donde la mitad de los habitantes hablan dos idiomas. Decimos que hay correlación entre ambas variables —bilingüismo y sentimiendo de identidad nacional— porque las dos están relacionadas. Sin embargo, correlación no implica causalidad: no se ha demostrado que la diversidad lingüística sea el origen del nacionalismo.

Mi amiga Cristina vive en Girona y habla habitualmente catalán. Dice que todo el mundo debería saber hablar y escribir en catalán en Cataluña, porque es la lengua histórica de su comunidad. Cree que en el resto de España casi nadie tiene interés por la lengua catalana, y se sorprende del poco conocimiento que despierta la lengua y la cultura catalanas en otras partes del Estado. Ella no se siente muy española, y cree que en la mayor parte de las ocasiones el nacionalismo catalán realiza una tarea importante defendiendo su identidad cultural y lingüística. «¿Cómo quieren que nos sintamos españoles, si ni siquiera se puede hablar catalán en el Parlamento español?» — dice resignada. No entiende cómo es posible que su lengua tenga en Madrid el mismo estatus legal que el latín: ninguno.

Pablo, un amigo y compañero de estudios, es cántabro y vive como yo en Santander. Dice que no entiende por que los catalanes se encierran tanto en su idioma. Le parece muy bien que lo hablen en su casa, pero él, desde luego, no aprendería catalán si tuviera que ir a vivir y trabajar en Cataluña. «¿Para qué? —se pregunta— En realidad es mucho más útil aprender inglés, porque el catalán en Cataluña vale para bien poco». Dice que muchos catalanes utilizan la diferencia lingüística para construir una barrera artificial entre Cataluña y el resto de España, para encerrarse. Y opina que es un disparate que algunos políticos nacionalistas catalanes quieran hablar en catalán en el Parlamento español, porque al fin y al cabo todos entendemos perfectamente el español, y las lenguas son para comunicarse, no para construir barreras. Pablo me dice que todos deberíamos entendernos en español porque es la lengua de España.

Ambos, Cristina y Pablo, hablan encendidamente cuando se les pregunta sobre la unidad de España y la cohesión del Estado. Ella no está dispuesta a que la obliguen a sentirse española. Y él cree que los nacionalistas catalanes o el independentismo vasco son una entelequia egoista.

¿Cuál de las dos actitudes es más perjudicial para la cohesión del Estado? Es una pregunta con una respuesta paradójica y que merece ser estudiada en perspectiva: a veces la viva y mera defensa de un ideal es el mayor peligro para el éxito de ese ideal.

La correlación entre comunidad lingüística y sentimiento de identidad nacional debería ser explotada inteligentemente para articular mejor el Estado. Tanto la posibilidad de estudiar todas las lenguas españolas en las Escuelas Oficiales de Idiomas, como la normalización de éstas como equivalentes del castellano en el debate político, tendrían ambas una importantísima repercusión en la imagen que del Estado tendrán las próximas generaciones. Y la asunción de las lenguas cooficiales como patrimonio común de todo el país sería un acto inteligente de nacionalismo español.

1 La nomenclatura nacionalismo periférico me parece más precisa porque excluye expresamente al nacionalismo españolista.

Otoño en Alemania

Brigitte Mohnhaupt

Brigitte Mohnhaupt ha sido puesta en libertad condicional en marzo, tras ser condenada a cinco cadenas perpetuas y pasar finalmente 24 años en prisión.

Mohnhaupt perteneció entre 1977 y 1982 a la cúpula de la Fracción del Ejército Rojo (Rote Armee Fraktion, RAF), una sui géneris organización terrorista de extrema izquierda que pusó al Estado contra las cuerdas en 1977, en los acontecimientos que después se recordarían como el otoño alemán, título de la película homónima de Volker Schlöndorff.

Durante esta época Mohnhaupt organizó o participó en la ejecución de varios de los más espectaculares atentados del RAF en Alemania. Sólo en este año el RAF asesinó al presidente del Dresdner Bank —una de las entidades financieras más grandes del país—, al fiscal general federal y al presidente de la patronal alemana. La banda alternaría estas acciones de envergadura con atentados con bomba contra instalaciones militares norteamericanas, el incendio de grandes almacenes, sabotajes y graves desórdenes públicos.

La prensa sensacionalista —especialmente el diario Bild— pronto bautizó al RAF como la «banda Baader-Meinhof», tomando los apellidos de dos de sus miembros más buscados y populares: Andreas Baader (varón) y Ulrike Meinhof (mujer).

El RAF es probablemente la organización terrorista con mayor número de mujeres militantes. Esta inusual paridad llama casi tanto la atención como la belleza de muchos de los rostros que durante años ilustraron los carteles de «Terroristas más buscados» en todas las comisarías de policía: Brigitte Mohnhaupt, Gudrun Ensslin o Ulrike Meinhof.

Bild es todavía hoy tanto el periódico más leído de Europa como uno de los de perfil más bajo y populista. Sus portadas son una imitación de los tabloides inglés, con titulares polémicos y frecuentes desnudos. A principios de los años setenta Bild fue muy crítico con el movimiento estudiantil que heredaba el idealismo del mayo del 68 francés, y a menudo ridiculizaba a los líderes de las manifestaciones. Durante este periodo, Bild gozaba de una gran influencia en la sociedad alemana, defendiendo abiertamente el ideario de la derecha conservadora.

Uno de los líderes de las revueltas estudiantiles, Rudi Dutschke, fue asesinado gravemente herido en un intento de asesinato poco después de ser duramente criticado en un reportaje de Bild. El RAF intervendría poco después, y en los años posteriores fueron frecuentes los atentados con bomba contra la sede y los intereses de la corporación Axel Springer, editora del periódico.

El RAF fue una organización singular, por cuanto sus aspiraciones marxistas-leninistas no parecían encajar con los potentes deportivos de gama alta que conducían sus militantes, ni con su cuidada y moderna estética personal. Por lo primero las siglas BMW serían irónicamente bautizadas como «Baader-Meinhof Wagen» («coches de Baader y Meinhof»). De lo segundo es testigo el video de la detención de Andreas Baader: gritando y desangrándose con un tiro en la pierna, pero perfectamente peinado y con sus Rayban intactas.

Tampoco observaban esa disciplina miilitar que en principio podría suponérsele a una organización armada. A mediados de los setenta varios miembros del RAF fueron expulsados de un campo de entrenamiento de la OLP en Palestina por negarse a dormir en habitaciones separadas para cada sexo.

También es singular que Meinhof, una de las primeras ideólogas de la banda, fuera una periodista reconocida y una invitada habitual en los debates políticos en televisión antes de pasar a la clandestinidad. Ulrike Meinhof es la teórica de la guerrilla urbana contemporánea: una modalidad de guerrilla en la que un grupo reducido pero coordinado de saboteadores plantea desestabilizar un Estado y subvertir el orden institucional.

Entre las acciones armadas del RAF es paradigmático el asesinato de Hanns-Martin Schleyer, un antiguo miembro de las juventudes hitlerianas y de las SS nazis reciclado después como presidente de la patronal alemana y alto directivo de Mercedes Benz.

En septiembre de 1977 circulaba por Colonia con su chófer en un coche blindado escoltado por otro vehículo con varios guardaespaldas. Llegado a un cruce alguien empujó un cochecito de bebé al paso del convoy. Ante un atropello que parecía inevitable el conductor hubo de frenar en seco, y el coche de la escolta que lo seguía a corta distancia lo embistió violentamente. En los momentos de confusión posteriores al accidente varios terroristas del RAF ametrallaron desde las aceras ambos coches, asesinando al conductor y a todos los guardaespaldas, y tomando como rehén a Hanns-Martin Schleyer, que resultó ileso.

Los captores solicitaron canjear la libertad del industrial por la de cuatro militantes del RAF presos. El canciller Helmut Schmidt se mostró inflexible y trató de demorar la negociación mientras movilizaba en un despliegue sin precedentes a toda la policía federal. En mitad de una gravísima crisis que parecía poner en riesgo la misma estabilidad de la democracia germana, un grupo palestino se unía a las reivindicaciones del RAF secuestrando un avión de la compañía Lufthansa y con pasaje alemán.

Tras realizar un aterrizaje de emergencia en Mogadiscio, Somalia, grupos de élite de la policía militar alemana asaltaron el avión, asesinaron a los terroristas y liberaron a los pasajeros. A la mañana siguiente tres de los máximos dirigentes del RAF —Andreas Baader, Ulrike Meinhof y Jean-Karl Raspe—, presos en la prisión de máxima seguridad de Stammheim, cerca de Frankfurt, fueron encontrados en sus celdas muertos por disparos de armas de fuego. Sobrevivió Irmgard Möller quien, gravemente herida, desmentiría la versión oficial del suicidio asegurando que aquella noche sus compañeros fueron asesinados en represalia.

Al día siguiente fue asesinado Hanns-Martin Schleyer, y su cadáver encontrado poco después en el maletero de un Audi 100, en un final trágicamente reeditado al año siguiente en Italia, cuando las Brigatte Rosse secuestraron, asesinaron y ocultaron el cadáver del primer ministro italiano Aldo Moro en el maletero de un Renault 4 en pleno centro de Roma.

En 1992 el RAF se autodisolvió. Su último atentado fue más simbólico que práctico: destruyeron parte de la nueva prisión de máxima seguridad de Stammheim. Este año 2007, treinta años después de aquel otoño, Brigitte Mohnhaupt ha sido puesta en libertad.

Durante la crisis del Otoño Alemán y el ingente despliegue policial y los habituales registros y controles de carretera a que dió lugar, se hizo popular entre los conductores de coches BMW fijar a la luna trasera una pegatina grande con la leyenda «Ich gehöre nicht zur Baader-Meinhof Gruppe» («Yo no pertenezco a la banda Baader-Meinhof»).

Me debe usted cuarenta francos

Loan y odian el cine de David Lynch, pero el género es muy anterior:

Tristan Tzara « ¡Mírenme bien! Soy idiota, soy un farsante, soy un bromista. ¡Mírenme bien! Soy feo, mi cara carece de expresión, soy pequeño. ¡Soy como todos ustedes! [...] ¡Ya no miren! ¡Ya no hablen! Pues yo, camaleón cambio infiltración con actitudes cómodas -opiniones multicolores para toda ocasión dimensión y precio- yo hago lo contrario de lo que propongo a los demás (a veces). SE ME OLVIDA ALGO. ¿dónde? ¿por qué? ¿cómo? es decir: ventilador de ejemplos fríos servirá a la serpiente frágil de cabalgata y nunca tuve el placer de verla a usted my dear, rígida la oreja saldrá por sí misma del sobre como todas las provisiones marinas y los productos de la casa Aa & Co. El chicle por ejemplo y los perros tienen ojos azules, bebo camomila, ellos beben el viento, DADA introduce nuevos puntos de vista, ahora se sienta uno en las cuatro esquinas de las mesas, en actitudes deslizadas un poco a diestra y siniestra, es por eso que estoy enfadado con Dadá, exijan por doquier la supresión de las D, coman Aa, frótense con la pasta dentrífica Aa… »

Tristan Tzara. 1924

Ya en en el siglo pasado, los dadaístas construían poesía y literatura dificílmente clasificable —como este extracto de los Siete Manifiestos Dadaistas— haciendo trizas hojas de periódico y recomponiéndolas al azar después.

Le vent nous portera

Je n’ai pas peur de la route
Faudrait voir, faut qu’on y goûte
Des méandres au creux des reins
Et tout ira bien

Le vent l’emportera

Ton message à la grande ourse
Et la trajectoire de la course
A l’instantané de velours
Même s’il ne sert à rien

Le vent l’emportera
Tout disparaîtra
Le vent nous portera

La caresse et la mitraille
Cette plaie qui nous tiraille
Le palais des autres jours
D’hier et demain

Le vent les portera

Génétique en bandoulière
Des chromosomes dans l’atmosphère
Des taxis pour les galaxies
Et mon tapis volant lui

Le vent l’emportera
Tout disparaîtra
Le vent nous portera

Ce parfum de nos années mortes
Ceux qui peuvent frapper à ta porte
Infinité de destin
On en pose un, qu’est-ce qu’on en retient?

Le vent l’emportera

Pendant que la marée monte
Et que chacun refait ses comptes
J’emmène au creux de mon ombre
Des poussières de toi

Le vent les portera
Tout disparaîtra
Le vent nous portera

No temo el camino
Habría que verlo, que probarlo
Meandros en el hueco de la cintura
Y todo irá bien.

El viento los llevará

Tu mensaje a la Osa Mayor
Y su trayectoria
Al instante de terciopelo
Aunque no sirva para nada

El viento los llevará
Todo desaparecerá
El viento nos llevará

La caricia y la metralla
Esta llaga que nos tira
El palacio de los otros días
Da ayer y mañana

El viento los llevará

Genética en bandolera
Cromosomas en la atmósfera
Unos taxis para las galaxias
Y mi alfombra voladora, ella

El viento los llevará
Todo desaparecerá
El viento nos llevará

Ese perfume de nuestros años muertos
Los que pueden llamar a tu puerta
Infinidad de destino
Se plantea uno qué es lo que recordamos.

El viento los llevará

Mientras suba la marea
Y que cada uno rehaga sus cuentas
Me llevo en el hueco de mi sombra
Polvo de ti

El viento los llevará
Todo desaparecerá
El viento nos llevará

Noir Désir.

Ciencia para explicar la religión

Con más de 2.000 millones de fieles en todo el mundo, el cristianismo es la religión más extendenda entre la humanidad. Los cristianos rinden culto a Jesucristo o Cristo, un mesías que habría habitado entre los hombres hace aproximadamente dos mil años, y cuyo ministerio y enseñanzas quedaron recogidas en la Biblia: el libro sagrado del cristianismo.

La Biblia narra la venida al mundo del mesías y su estancia entre los hombres para predicar los valores de lo que luego sería la moral cristiana: una filosofía de vida basada en la solidaridad, la empatía, la limosna y la humildad como camino para alcanzar la vida eterna o salvación. Los valores cristianos y el culto a la figura de Jesucristo han marcado indeleblemente el curso de la historia reciente de la Humanidad.

El Dios cristiano habría nacido de una virgen y tomado doce discípulos con los que habría recorrido los pueblos del Mediterráneo oriental enseñando a los hombres su doctrina. Después habría sido traicionado, detenido y ejecutado en la cruz, resucitando a los tres días para ascender nuevamente al cielo e imponerse así sobre el Mal en el mundo.

Estos son, según el relato bíblico, los hitos en la vida de Jesucrito:

  • Nacido de una virgen —llamada María— un 25 de diciembre.
  • Al poco de nacer es visitado por tres reyes que lo encuentran siguiendo una estrella.
  • Inicia su ministerio rodeándose de 12 discípulos.
  • A los 30 años recibe el bautismo en las aguas de un río.
  • Es ejecutado en la cruz y tras tres días asciende al cielo.

Aunque es masivamente desconocida y en ocasiones deliberadamente ignorada, existe una racionalización científica que explica la tradición cristiana como una alegoría de un ciclo natural conocido desde la más remota antigüedad: la sucesión de las estaciones y el desplazamiento del sol a través de la bóveda celeste. A la luz de esta explicación la Biblia no es más que un libro protocientífico que abarca buena parte del saber astronómico de que la Humanidad se había dotado en torno al año cero. Vamos a verlo.

El Sol es el objeto más idolatrado de la historia de la humanidad, y ha sido mistificado por todo tipo de culturas y civilizaciones desde el comienzo de los tiempos. Y no es de extrañar, pues es el Sol quien provee a la vida de la luz y el calor imprescindibles. Sin ellos no hay cosecha, porque sin el Sol las plantas no pueden hacer la fotosíntesis. Cuando el Sol se pone reina la noche, la oscuridad y el frío. Ambos enemigos naturales de los primeros hombres, que descubrieron en una noche llena de peligros y depredadores dos sensaciones nuevas: el miedo y la incertidumbre.

El hombre de la antigüedad se sentía débil en la noche, porque en la oscuridad no podía ver, correr, ni cazar. El amanecer, en cambio, es motivo de alegría porque señala el final de las tinieblas y el reinicio de la actividad humana. El Sol aparece por el Este y se pone cada día por el Oeste. Cuando se esconde más allá del horizonte aparecen las estrellas, que también se desplazan por el firmamento. Y el ciclo comienza de nuevo.

Cuando las primeras civilizaciones abandonaron la caza y se iniciaron en la agricultura y el cultivo de la tierra se produjo un cambio muy importante en esa incipiente sociedad humana. La comunidad dejó de desplazarse y se asentó en un terreno, porque la agricultura es una actividad que se desarrolla y proporciona sustento a largo plazo, frente a la inmediatez de la caza y la depredación, que hacen imposible una vida sedentaria.

Los primeros hombres agricultores tuvieron que ser grandes observadores de la Naturaleza que los rodeaba, pues la siembra y la recolección tienen unos plazos que es preciso respetar. ¿Cómo sabrían cuál es el momento idóneo para llevar a cabo cada una? La respuesta está en las estrellas: el más primitivo reloj y calendario de la Humanidad.

En su movimiento diario por la bóveda celeste el Sol es la primera y más fundamental evidencia del trascurso del tiempo. Aún hoy decimos que es mediodía —la mitad del día— cuando el astro solar se encuentra en el punto central y más alto de su recorrido habitual. Actualmente el sentido horario del movimiento de las agujas del reloj y de todo tipo de indicadores con agujas no es más que la evidencia del recorrido de la sombra que proyecta un árbol sobre la tierra a medida que el Sol se desplaza por el cielo a lo largo de un día.

En realidad esto sólo es así en el hemisferio norte del planeta, pues por debajo del ecuador el movimiento es exactamente el opuesto. Pero la gran mayoría de las tierras emergidas y de la población mundial se han encontrado siempre en las latitudes septentrionales, por lo que es natural que sea este caso particular la generalización de este comportamiento.

Y así como el Sol, o —mejor dicho— su movimiento, ha sido durante milenios la referencia temporal para la Humanidad, lo es también el movimiento de las estrellas para determinar la época del año.

El zodiaco, originado aproximadamente hacia el año mil antes de Cristo, es el calendario astrológico más antiguo que se conoce. Representa el trayecto del Sol a lo largo de la bóveda celeste dividida en doce constelaciones y en cuatro estaciones. Señala también las fechas de las cuatro efemérides solares: el solsticio de invierno, el equinoccio de primavera, el solsticio de verano y el equinoccio de otoño.

Sabemos la época del año desde la más remota antigüedad atendiendo a las estrellas que aparecen al llegar la noche sobre el horizonte cuando el Sol se ha puesto. Así, en los meses de invierno el Sol se pone primero por Capricornio, después por Acuario, y finalmente por Piscis. Esto, que en el fondo fue un descubrimiento protocientífico, tuvo una importancia capital en un momento en el que las primeras civilizaciones humanas comenzaban a aprender el oficio de la agricultura. ¿Es tiempo ya de recoger la cosecha? — No, mejor esperamos a que el Sol se ponga por Virgo.

Es fácil entender que la observación del firmamento se hizo poco a poco una herramienta imprescindible para el éxito de la cosecha. Es decir, para la supervivencia de la comunidad. Para los primeros hombres el Sol era luz y calor, pero también un reloj y un calendario del que dependía buena parte de su conocimiento del mundo. Sin el astro solar iluminando a los hombres durante el día, y señalando puntualmente las efemérides de la cosecha, no habría alimento, ni vida, ni luz… ni se podía predecir la estación de las lluvias o los meses de sequía. Sin el Sol… no hay nada.

El solsticio de verano es el momento en el que el día y la noche tienen igual duración. A partir de ahí, y según transcurren los meses, el día se hace cada vez más corto, y las noches se alargan proporcionalmente. Hay menos luz, menos calor, y decimos que ha llegado el invierno cuando la situación se hace extrema: el día más corto del año precede a la noche más larga. Esto sucede el día del solsticio de invierno: el 21 de diciembre.

Para los primeros humanos civilizados esto seguramente fuera un motivo de inquietud. Durante seis meses el astro rey se hace cada vez más tenue y débil, hasta que llega a un punto donde su altitud máxima sobre el horizonte es mínima. Decimos que el Sol muere el 21 de diciembre. ¿Qué sucede después? Durante tres días aparentemente nada. Para un observador en la tierra el Sol permanece a la misma altura sobre el horizonte durante unos tres días, sin cambios apreciables en su trayectoria sobre el horizonte. Después el proceso se invierte, y su trayectoria diaria va tomando cada vez más altura, anunciando la llegada de la primavera, y con ella el renacer de la vida natural.

La Biblia de los cristianos es simplemente una ficción astrológica. Una antropomorfización, una alegoría de la sucesión de los meses y las estaciones, que hereda del culto ancestral al Sol la mayoría de sus ingredientes. El Sol dador de vida es en realidad el mesías cristiano, que desciende del cielo, muere a finales de diciembre, y asciende nuevamente al firmamento. Es al Sol y a las estrellas a quien adoran los cristianos, y no a Jesucristo. Al mismo astro que separa el día y la luz de la noche y las tinibleas, al Sol que es y ha sido el objeto más venerado de la historia de la civilización.

Lo advierte el libro sagrado de los cristianos desde la primera palabra: «Dijo dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad.» (Génesis). Y aún hoy los cristianos representan a su mesías con el resplandor de una corona, y lo llaman Dios de luz. Repasemos, por lo tanto, los hitos de la vida de Jesucristo bajo este nuevo prisma y veamos cómo el relato bíbilico es un compendio del saber astronómico de la época, reunido probablemente con intencionalidad pedagógica o para la simple trascendencia generacional:

  • Nacido de una virgen —llamada María— un 25 de diciembre. En la época y en la latitud en que el relato bíblico fue escrito el Sol se ponía por la constelación de Virgo el 22 de diciembre, día del solsticio de invierno. Este día es el último en el que nuestra estrella pierde altitud sobre el horizonte. Aproximadamente tres días después el Sol comineza de nuevo a elevar progresivamente su trayectoria o, si se quiere, sube al cielo anunciando el fin de la oscuridad y el camino hacia el equinoccio de primavera. El Sol renace por Virgo ese día. Y «virgo» significa «virgen» en latín. Su símbolo una eme (María) estilizada.
  • Al poco de nacer es visitado por tres reyes que lo encuentran siguiendo una estrella. Sirio es la estrella más brillante del firmamento. El día del solsticio de invierno sucede una cosa curiosa: Sirio se alinea con una constelación de tres estrellas que se conoce desde la antigüedad con el nombre de los tres reyes. Y las cuatro luces alineadas señalan la posición en la que el Sol se pone ese día sobre el horizonte. Metafóricamente, ese día los tres reyes se alinean con Sirio para encontrar el lugar por donde el Sol nace.
  • Inicia su ministerio rodeándose de 12 discípulos. A lo largo de su viaje por la bóveda celeste el Sol atraviesa las doce constelaciones. No es una casualidad, por lo tanto, que nuestro calendario abarque también doce meses. El número doce tiene por este motivo gran trascendencia en la Biblia: doce apóstoles, doce reyes, doce profetas, doce tribus en Israel, doce hermanos de José…
  • A los 30 años recibe el bautismo en las aguas de un río. El año solar dura aproximadamente 360 días. Al dividirlo entre las 12 constelaciones podemos decir que el Sol permanece unos 30 días en cada una de ellas. Y así, treinta días después de nacer por Capricornio, la estrella comienza a ponerse por Acuario, una constelación tradicionalmente asociada a la época de las lluvias y del agua — no en vano, febrero suele ser la época de mayor pluviosidad en Europa.
  • Es ejecutado en la cruz y tras tres días asciende al cielo. Antes de iniciar su trayectoria ascendiente hacia el cielo tras unos tres días en aparente reposo, el Sol amanece en el horizonte cerca de una constelación llamada la Cruz del Sur ó Crux.

Ahora mira más allá de la ventana, mira al Sol y velo como lo han visto antes todos los demás humanos que a lo largo de las eras han alzado la mirada al firmamento. Y en su luz y en su resplandor verás, como vieron ellos, al único Dios que desde la inmensidad del cielo gobierna el universo.

La fiesta de la democracia

Lizartza es un pequeño municipio de Guipúzcoa, País Vasco. Tiene un censo de 509 vecinos. Desde 1979 hasta el 2003 ha sido gobernado, bajo distintas siglas, por la izquierda abertzale.

En 2002 el partido político mayoritario en Lizartza, Batasuna, fue ilegalizado por la Audiencia Nacional española. A las elecciones municipales del año siguiente concurrieron dos partidos: la coalición PNV/EA y el Partido Popular. Ninguno de ambos presentaba en las listas electorales un sólo vecino del pueblo.

Con sólo 131 votos (menos del 25% del censo), PNV/EA obtuvo la alcaldía y todos los concejales del Ayuntamiento. El Partido Popular obtuvo 10 de los 405 votos emitidos y ningún concejal. Ese año, en Lizartza el número de votos nulos fue muy superior al número de votos válidos, pues la mayor parte de los electores siguieron votando al partido ilegalizado, a pesar de que éste había quedado oficialmente apartado de la campaña electoral.

Con la alcaldía y la totalidad de los concejales, pero con la mayoría de los habitantes en contra, PNV/EA intentó primero gobernar el municipio, y buscar después fórmulas para la participación en la vida municipal del programa abertzale que había sido ilegalizado.

Cuatro años después el nuevo partido de ideario abertzale fue también ilegalizado por la Audiencia Nacional española. Y en esta ocasión la coalición PNV/EA renunció a presentarse a las elecciones. Sólo concurría, por lo tanto, una formación política: el Partido Popular, con un programa político antagónico al abertzale que históricamente ha sido la elección mayoritaria de los habitantes del pueblo.

Con ningún vecino de Lizartza en sus listas electorales, el PP obtuvo 27 de los 355 votos emitidos; esto es, menos del 8% de los votos emitidos, y el respaldo del 5,3% de los habitantes censados en Lizartza. Con estos resultados, el Partido Popular gobierna acutalmente el municipio con mayoría absoluta.

Muchos vecinos consideran una provocación las primeras medidas de la nueva alcaldesa de Lizartza: retirar de la plaza mayor las fotografías de los lizarzarras presos, u ondear la bandera española en el balcón del consistorio. Esta semana, una plataforma de vecinos convocó una manifestación para protestar por lo que consideran un gobierno municipal impuesto.

La manifestación ha sido prohibida hoy por la Audiencia Nacional.

Días de 28 horas

« Cuando tenía 24 añitos modifiqué artificialmente mi ritmo circadiano. Me “fabriqué” una semana de 6 días de 28 horas cada uno. Mi intención era aumentar mi productividad y, sobre todo, hacer un experimento físico y psicológico de resultados impredecibles, era como aislarme del mundo sin abandonarlo totalmente.

Cada día dormía aproximadamente 9 horas con lo que restaban 19 para estar despierta intentando aprovechar el tiempo y observando en mi propio cuerpo y en mi propia mente el resultado del experimento. Por supuesto el tiempo siguió siendo el mismo, no había más tiempo, pero daba la sensación de que transcurría a otra velocidad. Cada día era mucho más largo pero tenía un día menos a la semana. Realmente aprovechaba mejor el tiempo, porque agrupando de esta manera las horas de sueño y de vigilia, los bloques de tiempo eran más largos y habían menos interrupciones y menos minutos perdidos en iniciar y parar actividades. Físicamente era más que soportable, me encontraba como nunca, con más energía y nada cansada. Incluso le puse nombre a mis nuevos días: Lunesmar, Tesmier, Colesjué, Vesvier, Nessaba y Dodomingo.

Pero la Tierra seguía girando con su velocidad habitual y todos los mortales que yo conocía seguían, más o menos, el ritmo del planeta. Psicológicamente empezaba a ser un poco insoportable. Por aquel entonces vivía en un piso de estudiantes en Salamanca y mi ritmo no coincidía con el de las demás chicas. Tenía que planificar bastante las salidas a la calle para la compra, el ocio, y me perdí algunas clases. »

El experimento de María.

Qué listo es

« …ay, mi Jonathan, qué majo es. Y qué listo. Tiene apenas 13 años y es un crío la mar de espabilado. Ha dejado siete para septiembre, ¡pero no veas cómo juega al fútbol!… »

— Fragmento de una conversación escuchada en el pasillo de un hospital.

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