Neue Slowenische Kunst

La República Federal Socialista de Yugoslavia (1963-1992) fue un estado integrado por Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Servia, Kósovo, Macedonia y Montenegro. Hasta 1980 fue gobernado por Josip Broz, Mariscal Tito, como un estado socialista en la órbita del bloque comunista.

Dan Mladosti

En 1987 las autoridades yugoslavas convocaron un concurso para elegir el cartel que conmemoraría el Día de la Juventud Yugoslava, el 25 de mayo, efeméride del nacimiento del mariscal y presidente del gobierno.

El jurado declaró ganadora la propuesta presentada por un grupo artístico que posteriormente se conocería como Neue Slowenische Kunst (NSK), Nuevo Arte Esloveno. El nombre alemán ya parecía una provocadora ironía de la pasada ocupación nazi de Eslovenia.

El póster evoca la propaganda alegórica de la época del totalitarismo: un abanderado con los colores de Yugoslavia y una paloma sobre el mástil, que ilumina con una antorcha el camino. El diseño fue publicado en Politika, el diario oficialista del país, en el contexto de las celebraciones del Día de la Juventud.

El escándalo surgió al día siguiente: un lector de Belgrado había notado que el cartel, ya oficial, era un plagio de un póster de propaganda nazi de los años 30, donde la bandera con la esvástica había sido sustituida por la divisa de la Yugoslavia comunista, y el águila imperial había dado paso a una paloma.

El escándalo fue mayúsculo, pues unos graciosos con motivaciones pretendidamente artísticas habían ridiculizado al jurado del concurso nacional con un póster irónico, y —mucho más importante— habían puesto en evidencia la proximidad entre el nazi Kunst (arte) y la propaganda socialista. Dos concepciones sangrientamente enfrentadas, pero en la práctica indistinguibles para el jurado.

Tras intentar sin éxito perseguir jurídicamente a los autores, al año siguiente del escándalo se abolieron los rituales socialistas de celebración del aniversario del nacimiento del Mariscal Tito.

Hoy, veinte años después de aquel escándalo, el Neue Slowenische Kunst ha sobrevivido a los totalitarismos y sigue provocando desde una micronación virtual y dadaista, el Estado del NSK, definida en el tiempo pero no en el espacio, pues a diferencia de los aburridos estados tradicionales, el NSK no reclama la soberanía sobre ningún territorio.