El lugar maldito

Nietzsche escribía en 1888 la Ley contra el Cristianismo, que después alguien encontraría adjunta a otros manuscritos suyos. Pero no como una página más, sino como un folio recortado y emparedado entre dos hojas más grandes adheridas. Así pasó desapercibido durante un tiempo.

Artículo Tercero. “El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.”

Friederich Nietzsche, en El Anticristo.

Lo malo para el hombre es aquello que proviene de la debilidad, y para Nietzsche el cristianismo es precisamente la apología de la debilidad, de la contranaturaleza:

“El que los corderos guarden rencor a las grandes aves rapaces es algo que no puede extrañar: sólo que no hay en esto motivo alguno para tomarle a mal el que arrebaten corderitos. Y cuando los corderitos dicen entre sí “estas aves de rapiña son malvadas; y quien es lo menos posible un ave de rapiña, sino más bien su antítesis, un corderito, ¿no debería ser bueno?”, nada hay que objetar a este modo de establecer un ideal excepto que las aves rapaces mirarán hacia abajo con un poco de sorna y tal vez se dirán: “Nosotras no estamos enojadas en absoluto con esos buenos corderitos, incluso los amamos: no hay nada más sabroso que un tierno cordero”

Exigir de la fortaleza que no sea un querer-dominar, un querer-sojuzgar, un querer-enseñorearse, una sed de enemigos y de resistencias y de triunfos, es tan absurdo como exigir de la debilidad que se exteriorice como fortaleza”

– De La genealogía de la moral.

Según la leyenda milenaria, Zaratustra fue el primer hombre, el primer asceta, en reconocer la dualidad bueno/malo, en proponer un Universo en torno al concepto del Bien y su antítesis, el Mal. Para Nietzsche, esto fue el gran error de la humanidad, pero lejos de renegar del asceta y condenarlo, lo elige como figura central de Así habló Zaratustra. Según el filósofo alemán Zaratustra fue el primero en cometerlo, y por ello debería gozar el honor de ser también el primero en darse cuenta y remediarlo.

El libro, escrito con un lenguaje alegórico y fatalista, imitando el estilo bíblico, propone una transvaloración de todos los valores, la moral de la inmoralidad donde la debilidad será el gran mal de los hombres, y la voluntad de poder, de querer, una digna virtud.