Pueblo de Dios, nuevos capítulos
¿Y tú?, ¿ya sintonizas en tu televisor la excitante programación de Vaticano TV?
¿Y tú?, ¿ya sintonizas en tu televisor la excitante programación de Vaticano TV?
« El 20 de octubre de 1720, las tropas del Capitán Barnet, enviadas por el gobernador de Jamaica, capturaron a Rackham y su tripulación, la mayor parte de los cuales estaban borrachos y no opusieron resistencia. »
— La captura del barco pirata del temido Jack el Calicó, según la Wikipedia.

Emil Zátopek, La Locomotora es uno de los mejores atletas de fondo de todos los tiempos, y junto con Filípides, uno de esos nombres propios, indelebles, de la historia de la maratón. Esa historia que es la del corredor contra sí mismo, la del sufrimiento y el sacrificio por alcanzar un objetivo.
A los 19 años trabajaba en la fábrica de calzado Bata, dedicando el resto del día a entrenar y correr. Poco después se alistó en el ejército checoslovaco, comenzando a entrenar con botas militares reforzadas con hierro. Pensaba que los entrenamientos debían de ser tan duros que, en comparación, la carrera de competición pareciese un regalo.
Su estilo, más bien ineficiente, balanceando torpemente el torso y la cabeza, no parecía el más adecuado para un corredor de fondo. Durante la carrera a menudo exteriorizaba el sufrimiento gimiendo y gesticulando de manera audible, lo que le valió el sobrenombre de La Locomotora. Un día, preguntado por esta cuestión, respondió: «Ya sabes, esto [la maratón] no es como la gimnasia rítmica o el patinaje sobre hielo… yo no soy capaz de correr y sonreir al mismo tiempo».
En los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 asombró al mundo ganando el oro en las competiciones de 5.000 y 10.000 metros. A última hora decidió también participar en la prueba de maratón, en la que nunca antes había competido, y en la que su rendimiento era para todos una incógnita. Cuentan que durante la prueba, cerca del kilómetro 30, miró como desconcertado a uno de sus adversarios y le dijo «Yo no entiendo mucho de maratón pero, ¿no estamos corriendo demasiado despacio?», acto seguido se separó del grupo y ganó la carrera, batiendo el récord del mundo y logrando la tercera medalla de oro en aquellos Juegos.
Comprometido políticamente en los sucesos de la llamada Primavera de Praga, Emil Zátopek, el campeón del mundo y coronel del ejército checoslovaco, fue rebajado en 1968 por las las autoridades comunistas a barrer las calles de la ciudad.
Pero de los misterios del río no vio más que uno ese día, un misterio que lo impresionó vivamente. Vio lo siguiente: aquella agua fluía y fluía sin cesar, y a la vez estaba siempre ahí, ¡era siempre la misma aunque se renovara a cada instante! ¿Quién podía entender ese misterio? Siddhartha no lo entendía; sólo sintió que una vaga intuición se agitaba en su interior.
[...] Vasudeva no era amigo de palabras, raras veces lograba hacerlo hablar. Un día le preguntó:
—¿También a ti te enseñó el río aquel secreto: que el tiempo no existe?
Una clara sonrisa iluminó el rostro de Vasudeva.
—Sí, Siddhartha -repuso-. Te estás refiriendo sin duda a lo siguiente: que el río está a la vez en todas partes, en su origen y en su desembocadura, en la cascada, alrededor de la barca, en los rápidos, en el mar, en la montaña, en todas partes simultáneamente, y que para él no existe más que el presente, sin la menor sombra de pasado o de futuro.
— Siddhartha (1922), Hermann Hesse.
Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.As cartas de amor, se há amor,
Têm de ser
Ridículas.Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
É que são
Ridículas.Quem me dera no tempo em que escrevia
Sem dar por isso
Cartas de amor
Ridículas.A verdade é que hoje
As minhas memórias
Dessas cartas de amor
É que são
Ridículas.(Todas as palavras esdrúxulas,
Como os sentimentos esdrúxulos,
São naturalmente
Ridículas.)— Álvaro de Campos, heterónimo de Fernando Pessoa, 21/10/1935.